EL CONTRASTE DE LA ECONOMIA CHILENA.

Lic. JUAN MARTÍN REBOLINI

Presidente de Agropuerto, importante consultora argentina del ámbito de los granos. Rebolini es además quien dirige la Bolsa de Granos de Rosario.

La República de Chile se destaca dentro de los países latinoamericanos por haber logrado un alto grado de desarrollo y de estabilidad en su economía, que la posicionan como una de las más competitivas a nivel global. Fortaleza de sus instituciones, continuidad y estabilidad en las políticas, y una estrategia de promover la competencia y la integración al Mundo, han marcado la diferencia.

El modelo chileno se fundamenta en la apertura y desregulación de la economía; agresivo programa de integración con las principales economías a nivel mundial; Estado pequeño y eficiente que a su vez actúa en forma efectiva subsidiariamente ayudando a promover la iniciativa privada; alta inversión y desarrollo educativo; solidez en las instituciones, respeto por las leyes y control ciudadano sobre los poderes del Estado.

Chile se encuentra entre los líderes de exportaciones de frutas, maderas, celulosa, harina de pescado, salmónidos y vinos, productos para los cuales ha desarrollado una marca país y ventajas competitivas a partir de la combinación de alta calidad y precios competitivos. Pero al mismo tiempo, Chile se ha convertido en un gran exportador de carne de cerdo con casi 300 mill.US$ anuales, y en esta producción presenta grandes desventajas en el aprovisionamiento de maíz y harina de soja que importa de Argentina y Brasil. Un elevado estándar sanitario, gran escala de producción y desarrollo de infraestructura ha permitido el desarrollo de una producción que alcanza los mercados de mayores ingresos en el Sudeste Asiático.

Los resultados de administraciones eficientes e instituciones sólidas quedan a la vista cuando se observa que el ingreso per cápita en Chile es 30% superior al argentino. Y además que está mejor distribuido por menor tasa de desempleo y la mitad de tasa de pobreza. Chile tiene sólo 6,6% de desempleo (se cuentan los que reciben subsidios de desempleo dentro del porcentaje) frente al 10,1% de Argentina (que se llega contando como empleados a 2,5% que reciben planes jefes y jefas de hogar). La población debajo de línea de pobreza es el 14,1% respecto del 31,4% en el último trimestre en Argentina.

El promedio de inflación de los últimos cinco años ha sido del 2,8% anual, frente al 16% promedio del primer quinquenio de los años ’90. La tasa de desempleo se ha reducido a 6,6%, incluidos en ese porcentaje quienes reciben subsidios de desempleo. La presión tributaria sobre la economía chilena se mantiene constante en torno al 20% del PBI.

El nuevo gobierno progresista de la Presidente Michelle Bachelet está aplicando políticas de austeridad en el gasto, que junto al aumento del precio del cobre le está permitiendo alcanzar un superávit fiscal del 7,5% del PBI. La política es ahorrar para cuando vengan ciclos con términos de intercambio menos propicios, como ya se soportaron entre 1999 y 2002. El crecimiento de las exportaciones, y su diversificación, ha sido uno de los factores de mayor impacto en el crecimiento económico.

Aunque no ha podido desprenderse de la fuerte dependencia del cobre (menos aún en los últimos años con precios muy altos de este mineral), se ha logrado un fuerte crecimiento de las ventas externas de productos alimenticios y derivados de la industria maderera, de alto valor.

En 2005, las exportaciones de bienes y servicios de Chile alcanzaron un récord de 38,9 mil mill.US$ de bienes, y representaron el 41,8% del PBI (crecieron 162% en 10 años). Las importaciones también alcanzaron un récord de 32 mil mill.US$ en 2005, con una participación del 33,6% en el PBI (crecieron 70% en 10 años). De forma comparativa, las exportaciones argentinas alcanzan un récord de 40 mil mill.US$ en 2005, pero crecieron 68% en 10 años y representan sólo el 24% del PBI. Las importaciones argentinas con 29 mil mill.US$, son inferiores a las chilenas, han crecido sólo 20% en 10 años, pero aún están por debajo del máximo alcanzado en 1998 con 31,4 mil mill.US$.. El sector externo tiene una participación del 75,4% del PBI en Chile frente al 44,5% en Argentina.

La economía chilena presenta altos niveles de libertad para la iniciativa privada (hay gran oposición a las regulaciones y a los beneficios sectoriales), pero al mismo tiempo se observa una sólida presencia del Estado en la promoción de inversiones y asistencia a la actividad privada de modo subsidiario. Los grandes logros de más de 20 tratados de libre comercio (EE.UU., Canadá, Japón, UE-25, etc.) y las acciones de ProChile y Fundación Chile, son claros ejemplos de la sinergia público-privada.

La economía es muy abierta con sólo 6% de aranceles de importación. De esta manera la industria de Chile tiene acceso a la mejor tecnología mundial a precios competitivos tanto para maquinaria, equipamiento de plantas y vehículos de transporte, además de insumos básicos.

Al mismo tiempo, se destacan las sólidas instituciones que preservan los derechos de los ciudadanos y ponen límites a las acciones de los gobiernos para que respeten las leyes y a los contribuyentes. Es anecdótico, pero un Ministro de Obras Públicas tuvo que renunciar hace muy pocos años porque por una atención le regalaron un caballo. Las leyes están para cumplirse, tanto a nivel tributario y fiscal, como también a nivel financiero, empresario, comercial y penal. La seguridad jurídica y el mantenimiento de la reglas de juego se ha transformado en algo tan normal que a nadie se le ocurre que pueda modificarse esta situación, ni nadie la aceptaría.

Hay dos sectores que han quedado relegados y son precisamente los que han mantenido protecciones frente a las exportaciones (la cadena de valor de granos y de remolacha azucarera). El desarrollo y la integración económica no ha generado aún una solución a los minifundios de producción agrícola de granos y remolacha, que surgidos luego de la reforma agraria se han transformado en un problema de pobreza rural más que productivo.

Los medianos y grandes productores de cereales alcanzan rindes de 6000 a 8000 kg/Ha de trigos de muy buena calidad, y de 14000 a 20000 kg/ha de maíz. No obstante, ya la producción doméstica abastece menos del 65% del consumo interno de cereales. Casi han desaparecido los cultivos de oleaginosas y va en el mismo camino la remolacha azucarera. Los costos de producción son muy elevados, tanto por la necesidad de utilizar altos costos de fertilizantes y agroquímicos en general, como por el costo de oportunidad de la tierra. Las rentabilidades no son muy atractivas a pesar que el productor chileno recibe el equivalente del precio FOB argentino, más 45 US$ entre flete marítimo y otros gastos de internalización. Es muy llamativo que estos mismos costos pagan los productores de cerdos, y exportan gran parte de la producción, mientras en Argentina casi no se exporta y se compra el maíz 20% debajo del precio FOB por los derechos de exportación.

La severidad de la política sanitaria ha dado sus frutos. En carne vacuna Chile estándar de país libre de aftosa sin vacunación y libre de vaca loca. En cerdos y pollos cuenta con el mismo estándar que los países desarrollados. En frutas y salmónidos también lideran estándares de calidad y seguridad alimentaria a nivel mundial.

Una clara visión estratégica ha desarrollado una política de promoción de inversiones en riego que está transformando grandes extensiones de valles que eran desiertos en paraísos productivos. El Estado Chileno devuelve a los dos años el total de la inversión en estructuras de riego que realicen proyectos productivos en ese país.

La cadena agroindustrial tiene un peso relevante dentro de la política chilena. Las grandes industrias alimenticias, forestales y los productores medianos y grandes, están bien representados por la derecha dentro del Congreso. Pero los sectores campesinos (más de 100 mil pequeños productores) tienen fuerza política a través de las organizaciones campesinas y los políticos progresistas, hoy en el gobierno, que a pesar de estar en un sistema unitario, responden muy bien a la región que los votó.

Una muestra de madurez de la dirigencia política y empresarial se ha puesto de manifiesto en el último seminario anual de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA). La Presidente Bachelete encabezó el seminario y junto a su Ministro de Economía y el Presidente del Banco Central de Chile, discutió con la dirigencia agropecuaria desde la política cambiaria hasta los principales aspectos de la política sectorial. La SNA presentó la propuesta de siete medidas concretas para mejorar la competitividad del tipo de cambio que se ha venido valorizando por el creciente ingreso de divisas, y las principales estaban orientadas a fomentar la inversión de Chile en el exterior.

En otro seminario más reciente (Fontagro), la Presidente de Chile lanzó un nuevo programa con el objetivo de “transformar a Chile en potencia agroalimentaria”. Una comisión público-privada está encargada de diseñar las políticas y los desarrollos estratégicos del programa, y sus iniciativas se pueden seguir en www.chilepotenciaalimentaria.cl. Un país con escasas ventajas comparativas en dotación de recursos para la producción agropecuaria, y donde el complejo agroindustrial aporta poco más del 20% de las exportaciones y 16% del PBI, considera estratégico el convertirse en potencia agrolimentaria.

Un contraste frente a las ventajas comparativas en dotación de recursos naturales y tecnológicos que cuenta la Argentina que permite contar con el complejo agroalimentario con mayor potencial competitivo a nivel mundial, pero a pesar de aportar 60% de las exportaciones y 36% del PBI, sólo es visto como fuente recaudatoria por el poder político.

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