Felipe Cáceres, ingeniero civil, empresario pionero del riego desde mediados de los años 70. Entonces se iniciba en Chile, de manos de algunos emprendedores, la plantación de viñas para exportar uvas de mesa. En Copiapó, Elqui, Aconcagua. Aparecieron los primeros expertos de riego tecnifiado: Sudafricanos e Israelíes, vendiendo sus sistemas y su know how. Chile se encontraba en esos años aislado en el mundo y no habían muchos proveedores alternativos. La ocasión se vio buena para este ingeniero recién recibido: a medida que crecen aceleradamente las plantaciones de viñas, la demanda por sistemas de riego se convertía en una gran oportunidad. Crea la empresa Riego El Sauce. En Chile no había experiencia alguna con estas tecnologías de riego. No se enseñaba nada de esto en la universidad, ironiza Cáceres. Aprendiendo como se pudo de los extranjeros y consiguiendo representaciones de éstos, Felipe Cáceres y otros pioneros como él crearon la industria del riego en Chile.
Sin esta industria, sin estas nuevas tecnologías de riego, la revolución de la producción de fruta de exportación habría sido imposible, sostiene Cáceres.En Chile las tierras se regaban mediante el viejo sistema de rigo tendido. Nuestros chosnos (desde los incas) habían canalizado los valles de Chile, y el agua llegaba por acequias a los huertos y a las plantas. Así se cultivaban las frutas en Chile y las parras viníferas. Nadie había regado por goteo, tecnología que parecía lejanamente moderna. Recuerdo que muchos agricultores y viñateros creían al comienzo que esta tecnología era necesaria solamente para los que querían cultivar en el desierto; los del norte.
¿No es así?
Por supuesto que esta tecnología ahorra agua y es absolutamente obligatoria en lugares con poca agua, como Copiapó por ejemplo. También es necesaria para regar faldeos de cerros y alturas donde la gravedad impide llegar a los canales. Con esta tecología el agua se levanta con motobombas. Pero por sobretodo esta tecnología permite racionalizar el uso de este recurso escaso que es el agua y por ende las tierras bajo regadío.
El riego tecnificado ha permitido una expansión enorme de la superficie que recibe agua de riego. Permite transformar tierras de mala calidad - arenosas o sin drenaje - en tierras cultivables. La tecnología permite entregar para cada variedad de planta la cantidad de agua precisa ( en principio, para cada planta individual), evitando las dificultades de drenaje y otras que impiden utilizar riego tendido. Por último, permite entregar a cada planta cantidades precisas de pesticidas y nutrientes que necesita. El rendimiento de las plantaciones crece expectacularmente. Pueden ensayarse nuevas variedades que requieren de regímenes nutricionales rigurosos. Finalmente, las malezas, una azote sin fin con el sistema de riego tendido, prácticamente desaparecen.
La revolución de la exportación frutícola no sería posible sin el riego tecnificado.
Felipe Cáceres tiene un talante alegre; con algo de ironía sin acidez. Conoce todos los rincones del Chile agrícola, todos los nombres. Observador agudo y detallista. Se le nota a flor de piel una preocupación por los fenómenos sociales negativos que persisten en el campo, y sus momentos quizás más entusiastas son cuando observa todo lo que las regiones de Chile han cambiado para mejor con la producción de frutas de exportación. Es un apreciador admirado de los emprendedores que han conducido esta revolución productiva en los campos de Chile.
¿Hay hitos en esta historia?
Cáceres hace recuerdos. Esta ha sido una historia que ha experimentado todo el valle central y más. El norte chico, Copiapó, Azapa, el Sur. Casi no hay localidades que no hayan sido afectadas por esta verdadera revolución de las frutas y (en menor grado) las hortalizas. En cada lugar que se fue incorporando a esta ola, hay uno o dos empresarios emprendedores que llevaron la delantera abriendo los nuevos espacios de posibilidades.
A la uva de mesa le siguió el kiwi más al sur - Riego El Sauce abrió oficinas en Chillán y Temuco - (que se acabó pero ya están de vuelta) y las manzanas. Los nectarines en el centro. Las cerezas en Curicó - allá fue Riego el Sauce. Los berries en el sur. Ahora los arándanos y la explosión de los paltos en Llai-Llai y La Ligua. Los tomates en Azapa -allá abrió oficina Riego el Sauce. Ahora se inicia la nueva ola de los olivos y el aceite; serán miles de hectáreas. Como quien no quiere olvidarse de algo, añade el boom algo pasajero de los espárragos en Chillán.
La vitivinicultura entró a este sistema de riego más tarde que la fruta de mesa. La industria confiaba en sus viejas prácticas de riego tendido en una plantación que, por lo demás, requiere poco riego. Pero a partir de la modernización de fines de los 80, no hay viña alguna que no tenga ahora sistemas de riego tecnificado.
¿Cuáles han sido las condiciones de este éxito?
Felipe Cáceres cree que este ha sido un proceso sistémico de múltiples causas, que ha adquirido fuerza gracias a los cambios culturales que hemos experimentado como país. Esto ha sido expresión de una cultura que hemos ido cultivando en Chile. Una cultura empresarial, de trabajo, de relaciones público-privadas, de entendimiento político etc.
Sin una nueva industria de riego, esto no habría ocurrido. Sin redes de enegía eléctrica, no hay riego posible. Sin caminos locales de calidad, esto no pasa. Sin puertos con buenos estándares para exportar, tampoco. La política de riego del estado que apoya con subsidios la ampliación de la superficie bajo riego ha sido muy importante. El funcionamiento del mercado de las tierras ha sido fundamental para permitir traspasos de tierras de unos usos menos productivos a otros de producción para exportar. Por sobre todo, el surgimiento de una nueva cultura empresarial y de gestión comprometida con ponerse a la altura de los desafíos de exportar al mundo: modernización y trazabilidad de procesos, certificación de estándares muy por encima de lo que era habiual en el campo, conocer el mundo. Nuestros productores viajan hoy mucho (también ha ayudado en esto Prochile). Hay algunos que ya comienzan a internacionalizarse como comercializadores y productores de alimentos en el mundo- p. ej., empresas de exportación de alimentos que nacieron en Chile que ya se encuentran sitas en Estados Unidos comercializando productos de todas partes del mundo. La introducción de nuevas variedades mediante un proceso riesgoso de prueba y error ha sido fundamental.
¿Qué más? Bueno, no se puede olvidar la producción de nuevas generaciones de tecnicos y profesionales expertos en manejo de frutales y empresas que hoy sostienen el management de toda este mundo. Muchos estudiaron en Estados Unidos - U de California en Davis ha sido muy importante - y hoy existen escuelas en Chile donde esto se enseña. Y también, todavía, una disponibilidad de mano de obra relativamente barata que ha sido capaz de aprender a manejar procesos tecnológicos relativamente sofisticados con muy poca educación formal. Esta destreza latente de nuestros trabajadores campesinos ha sido muy importante.
También hay que notar el sugimiento de múltiples empresas medianas o pequeñes que se han organzado para proveer de los múltiples servicios que esta nueva realidad productiva demanda y pemite. Solamente en riego existen hoy casi 250 empresas dedicadas a proveer estos servicios en todo Chile. Imaginemos lo que esto está significando en cuanto a la creación de una nueva clase media autónoma en el país.
¿Puntos negros?
Las condiciones de vivienda de los trabajadores del campo ligados a la producción alimentaria son muy malas. Las personas siguen viviendo hacinadas en casa minúsculas de mala calidad y en villorrios que no merecen ese nombre. Vivir frente a un camino de tierra es insalubre; y hay denasiados caminos de polvo todavía en Chile.
Las condiciones de trabajo todavía dejan mucho que desear. Menos mal que los tratados de libre comercio nos obligan a cumplir con estándares de higiene y otros que son casi cuestión mínima de dignidad. ¡Ojalá hubiera menos reclamo por estas exigencias!
¿Qué ves en el futuro?
Esta expansión productiva puede continuar por un tiempo pero no debemos olvidar que en Chile escasean las tierras que pueden someterse a regadío. Somos un país pequeño y eso no tiene mucho arreglo. Ya no hay tantas tierras disponibles como habían hasta hace poco. El valor de la tierra es otro. Por eso, lo que debemos hacer es globalizarnos: salir al mundo como productores y distribuidores alimentarios. Por ahi le veo mucho futuro a esto de hacer de Chile una potencia alimentaria. A fin de cuentas esta es una cuestión de cultura, no de tierras o clima. Y en en Chile seguramente continuará el proceso que ya se vive de concentración de la propiedad de la tierra.
Debilidad enorme es la que tenemos en ciencia y tecnología. Somos potencia frutera en el mundo, pero no desarrollamos ni una sola variedad. (¿Se le puede pedir esto al INIA?) No somos nadie en el mundo en esto. También es muy débil -inexistente - nuestra identidad como país en el mundo como productores de alimentos. Esta hay que corregirlo. Nos pesa en esto una debilidad asociativa que tenemos como cultura.
Agrega con fuerza Cáceres que le parece que la infraestructura de telecomunicaciones tiene una grave retraso en los campos de Chile. La internet es casi desconocida. La banda ancha para qué decir. Los celulares no reciben señal en muchas partes. En esto estamnos mucho más atrasados que en infraestructura física.
Con respecto al futuro de la tecnología del riego Cáceres cree que la informática y las telecomunicaciones marcarán lo nuevo. Sistemas que permitirán verdaderamente la gestión técnico económica individualizada de cada planta, el cultivo remoto de ellas en términos de nutrición, pesticidas, riego etc., el aumento de las empresas que darán servicio al productor en esto, y el control y evaluación satelital de los cultivos. Hay que tener altos rendimientos para que este tipo de tecnologías se justifiquen.


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